miércoles, 29 de febrero de 2012

366 para mi es cambio.

29 de febrero. Ni imaginarme puedo donde estaré el siguiente. Aún queda mucho. Cuatro años son mucho tiempo cuando se va caminando. El problema es que, aquí se va corriendo y todo llega sin querer y cuando menos te lo esperas. El tiempo pasa tan rápido que no podemos ni respirar. Va tan veloz que solo somos capaces de captar aromas y esencias, pasando por alto el verdadero sabor, el grato sabor de la vida.
Por eso, lo que debería hacer es vivir cada segundo a pleno pulmón, que el mayor riesgo sea no arriesgar y que, cuando llegue el próximo 29 de febrero pueda recordar el anterior como una época de cambios, que pueda cerrar los ojos y recordar el anterior como el día en el que decidí vivir.


jueves, 2 de febrero de 2012

Amistades.

No se qué es lo que les está pasando a las amistades. Siempre he querido creer que un amigo es una persona en quien confiar, a la que puedes contar cada una de tus inquietudes, que te apoya en tus inseguridades.

Sin embargo, como en tantas otras ocasiones, el tiempo no ha hecho otra cosa que darme coscorrones, una y otra vez, como intentando hacerme ver que eso no es del todo cierto, que hay gente que no entiende el concepto así; como tratando hacerme cambiar de opinión; como obligándome a buscarle tres pies al gato.

Pues bien, al final, el tiempo, tan sabio, me ha hecho cambiar de tercio. Tengo que reconocer que no todo el mundo es bueno, que muchas personas tienen intereses ocultos y que también hay cerebros desorientados que siguen a las masas, como si se trataran de algo magnético.

Es como un círculo vicioso en el que, si estás dentro, no eres capaz de salir. Llega a tener un carácter sectario que aterroriza a cualquiera que lo vea desde fuera. Llegas a pensar que vas a necesitar un centro de desintoxicación para librarte de esa extraña fuerza de atracción.

Lo que sí es cierto es que, una vez que abres los ojos, o alguien con tu mismo concepto de amistad te ayuda a hacerlo, te llegas a preguntar qué diantres es lo que has estado haciendo durante todo este tiempo, en qué espejismo has estado viviendo.

Te das cuenta de que la gente no cambia, cambian las “definiciones” en las que cree uno o, si lo prefieres, cambia la posición de los ojos que ponemos al mirar a los demás.
Solo se trata de posiciones, se trata de decidir si prefieres el bonito y falso oasis o el duro y realista desierto.