29 de febrero. Ni imaginarme puedo donde estaré el
siguiente. Aún queda mucho. Cuatro años son mucho tiempo cuando se va
caminando. El problema es que, aquí se va corriendo y todo llega sin querer y
cuando menos te lo esperas. El tiempo pasa tan rápido que no podemos ni
respirar. Va tan veloz que solo somos capaces de captar aromas y esencias,
pasando por alto el verdadero sabor, el grato sabor de la vida.
Por eso, lo que debería hacer es vivir cada segundo a pleno
pulmón, que el mayor riesgo sea no arriesgar y que, cuando llegue el próximo 29
de febrero pueda recordar el anterior como una época de cambios, que pueda
cerrar los ojos y recordar el anterior como el día en el que decidí vivir.
Otro 29 de febrero mas, otro menos
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