Me da pena. Me da pena tener que empezar a olvidarme de ti.
Empezar a olvidarme de ti cuando debería empezar a hacer otras cosas. Otras
cosas que son mucho más importantes y, que, una vez más, quedan reducidas a
cenizas. Cenizas que sin embargo parecen estar, suspendidas en el aire,
alrededor de mi cabeza, como revoloteando cual mosquito y murmurando cual
conciencia.
Y es que, a veces me duele más lo que piensas y no dices que
lo que hablas.
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